Desde hace ya muchos años me niego a creer que soy lo que me pasa: me rebelo ante la sola idea de admitir que soy una marioneta del destino. No somos títeres. No... Somos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que descubrimos y lo que creamos. Somos los protagonistas de nuestra vida, los intrépidos capitanes de un barco llamado "yo", el único que podemos pilotar por estos mares revueltos de nuestro mundo. Pero es en otros mares —los de nuestro mundo interior— en los que podemos alcanzar la paz y la alegría... la gloria e, incluso, la eternidad... Esos mares donde podemos hacer de nuestra vida la suprema expresión de la belleza y del arte.


martes, 4 de abril de 2017

RETRATO DE ATARDECER…


Frente a frente, Nara y su madre ríen… La niña está sentada sobre las piernas de su madre, dejando las de ella entre las suyas. La tarde se difumina…

Foto: Mayra García
Aburrida como estaba, Nara no había tenido otra idea que acercarse hasta su madre que, en ese momento, leía aprovechando un rato de tranquilidad. Viendo que no le presta atención decide pasar a la acción: tras subirse a sus piernas comienza a hablarla. Pero nada… Su madre está abstraída deleitándose en la lectura de su libro.

Sin saber que hacer resuelve coger los labios de su madre con las dos manos, apretándolos fuertemente, como si quisiera imposibilitar que se abrieran. La mueca creada le parece tan divertida que comienza a reírse. Es como jugar con arcilla…

Ahora, su madre, sin poder hablar, no tiene más opción que recurrir a una técnica totalmente efectiva: hacerle cosquillas en el costado. La pequeña suelta inmediatamente a su madre y lleva sus brazos hasta el cuerpo para protegerse…
― ¡Naraaaaa!!! ¡Me estabas haciendo daño!!! Te tengo que cortar esas uñas, que se hincan en la piel como alfileres…

― ¡No!

― No... ¿qué?

― ¡Nooooo!!!
Nara vuelve a la carga. Esta vez no se le ocurre otra cosa que echarse sobre su madre, cogerle la nariz y cerrar sus orificios para que no pueda respirar. Vuelve a reír, esta vez a carcajadas.

Su madre le hace cosquillas nuevamente. Aprovecha el descuido de la niña para tumbarla y abrazarla completamente. Es tan inmenso el amor que siente por su hija que no puede evitar abalanzarse sobre su cuerpo y su rostro para comérsela, literalmente, a besos. Las dos ríen felices…

Se detienen y se miran en silencio, de esa forma tan penetrante que solo pueden hacerlo dos seres que sea aman intensamente y sin condiciones.

Por fin se rompe el mutismo…
― ¿Me quieres? ―pregunta la madre―
Nara estira los brazos para enroscarse en su cuello. Acerca su rostro hasta entrar en contacto y acariciase cara con cara…
― ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Mami bonita!

― Pues vamos al baño, que ya es hora…

― ¡Noooooooooo!

― ¡Cómo que no!!! ¡Ahora mismo!!!

― ¡Noooooooooo! ¡No te quiero! ¡No te quieroooooooo!
Su madre ríe a carcajadas mientras lleva a su hija en brazos, a duras penas…
― ¿Y si nos bañamos las dos juntas?

― ¡Siiiiiiiiiiiiii! ¡Sí, mami!!!

― Pues vamos directas al cuarto de baño…

― ¡No, mamita! ¡El patito!!! ¡Mi patito!!!
La tarde se apaga mientras los minutos se desvanecen en el reloj de pared. Al fondo, un continuo parloteo salpicado de risas que matizan la calma que inunda la casa. La plenitud de la vida en su máxima sencillez… Humilde y serena felicidad…

Emilio M.

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
(original autentificado)


ONSOHO - The Gift
(por Premium Extensions HQ)


miércoles, 8 de marzo de 2017

EL RETRATO DE NARA. 24.- UN MUNDO DE ABRAZOS…


En este Día Internacional de la Mujer,
por un mundo más justo con ellas
y por un mundo mejor para todos
basado en su ejemplo…

― ¡Ayyyyyy, mami!!! ¡Qué me haces daño!!!
Nara intenta zafarse de los achuchones de su madre, que la estruja y la besa con intenso nerviosismo.
― ¡Jopetas, mami!!!
(Tomado del vídeo: Ryan Farish - United)
Tumbada sobre las piernas de su madre e inmovilizada con sus brazos, recibe estrujones y besos sin cesar en un “ataque de cariño” de su madre. Intenta zafarse de ella golpeando ese enorme cuerpo que se le ha echado encima, pero es inútil: apenas le queda sitio para mover las manos.
― Es que te quiero mucho, tesoro. ¡Te quiero tanto que me dan ganas de comerte!
Y vuelve a la carga, para disgusto de la pequeña, ahora dando pequeños mordiscos que le irritan aún más..
― ¡Noooooooooooooooooo!!!

― ¿Qué prefieres, mordisquitos o cosquillas? ―una gran y pícara sonrisa se abre paso en la cara de su madre al saber que tiene acorralada a su hija―

― ¡No, cosquillas no! ¡Por favor, mami!

― Bueeeeeeenooooooo… ¡No te hago nada! ―riendo con indisimulado descaro―
Incorpora a la niña y la sienta sobre sus piernas. Hace un precioso día de primavera en el parque y la vida bulle a su alrededor con inusitada vitalidad y alegría.

La pequeña mira a su madre mostrando su enojo…
― ¡Si es que te quiero demasiado, mi vida! ¡Compréndelo…! Me dan unas ganas tremendas de cogerte entre mis brazos y abrazarte con todas mis fuerzas, como si quisiera hacerte un hueco en mi pecho, para tenerte pegada a mi corazón… ¿Comprendes a mamá?
Nara mira con sus morritos de enfado, aún disgustada pero comprensiva.
― ¿Te cuento una historia muy, muy, muy bonita, ahora que estamos en el parque, cielito?

― ¿Muy bonita…?

― No. ¡Muy, muy, muy bonita!
Nara por fin sonríe.
― ¿Ves estos árboles…? ¿Y aquellos esos otros de ahí? ¿Ves que están separados y como que cada árbol no sabe nada del que tiene al lado?
Nara mueve su carita afirmativamente…
― Pues no es así. He leído que se abrazan, y que se ayudan, y que se quieren… Y tú te preguntarás que cómo es posible que se abracen si sus ramas están separadas y no se mueven, ¿cierto?

lunes, 13 de febrero de 2017

EL RETRATO DE NARA. 26.- UN LARGO VIAJE DE IDA Y VUELTA…


“Ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana ―ni el ayer― escrito”

Antonio Machado (1875 - 1939)

― ¿Por qué tocas esa pared, mami?
Nara acaba de observar un gesto desconocido en su madre, tan novedoso como desconcertante. La siente ausente… Y ciertamente lo está: ensimismada en aquel muro avejentado por el paso del tiempo, no había escuchado el reclamo de su hija.

La niña se acerca despacio y tira de la manga del abrigo de su madre. Así consigue que regrese al presente. Como si despertara de un prolongado sueño, repara en su pequeña y le regala una hermosa y amplia sonrisa…
― ¿Por qué tocas así esa pared, mami?

― Porque en este lugar fui niña, como tú lo eres ahora. Aquí me abracé a mis padres, a mis hermanos, a mis abuelos, a mis juguetes… ¡A estos mismos muros, Nara!
Francesca Woodman - Serie Space 2
Mira hacia el exterior. ¡Todo está tan cambiado…!
― Y allí fuera me abrace a los árboles, a los animales, a la tierra amada… Abracé al río cuando me bañaba y abracé a la luna cuando anochecía…
Continua hablando, otra vez ausente…
― Y abracé al sol hasta abrasarme en sus destellos… Y abracé las rosas hasta derramar mi sangre sobre sus espinas…
Ahora, además de ausente, su rostro transmite un profundo dolor. Nara se asusta…
― Mamita, ¿qué te pasa?
Al recuperar el presente, advierte el gesto temeroso de su hija…
― Descuida, mi cielo… Mamá está un poco triste porque ya no encuentra en este lugar todo aquello que amó y, aún hoy, ama.
Se pone en cuclillas…
― Ven. Acerca tu mano y toca esta vieja y deslucida pared. En otro tiempo fue hermosa, y en su fortaleza nos sentimos protegidos y vivimos felices. Justo como nos sentimos ahora tú y yo en nuestra casa ¿cierto?
Nuevamente, comienza a hablar ausente…
― Esta casa ya está viejita y fea, lo sé. Pero yo la quiero, porque ahora compruebo que, en mis recuerdos, aún sigo viviendo en ella y continúo recorriendo loca de alegría sus habitaciones…
Aún en silencio y ensimismada, esboza una tranquilizadora sonrisa. Susurra casi imperceptiblemente…
― Los surcos de esta vieja pared, son los mismos que recorren mi piel.
Vuelve a callar sin dejar de acariciar aquellos viejos muros. Su tacto rugoso le anuncia su propio futuro, piensa. Poco a poco, esos pequeños surcos se irían agrandando hasta convertirse en grietas por donde, un día, se les escapará la vida. Pero todo quedaría allí. Todo quedaría allí… Justo como más deseaba.
― La vida es un largo viaje de ida y vuelta. Un viaje en el que corremos para alejarnos de la niñez y la inocencia. Vehementes, tomamos distancia… Hasta que nos damos cuenta de que lo más auténtico que teníamos era precisamente aquello que antaño abandonamos con descuido. Llegado el momento, nuestra vida no es otra cosa que un viaje de ansiado pero imposible regreso… Un viaje para recuperar aquello a lo que tan ingenuamente renunciamos… Un viaje para reencontrarnos con todos esos seres que ya no están con nosotros… Un viaje para recuperarnos a nosotros mismos…

sábado, 28 de enero de 2017

EL RETRATO DE NARA. 25.- MUNDOS Y COLORES…


“Color deseo y descubro,
color me siento y me desnudo color.
Color sueño y color despierto”

Carmen Naranjo Coto (1928 - 2012)


Nara mantenía su pequeña nariz completamente espachurrada contra el cristal. Permanecía profundamente ensimismada… Tanto que no oía la llamada de su madre.
― ¡Nara!!! ¡¿Quieres chuches o nos vamos?!!! ―en un tono ciertamente enfadado― ¡No te lo vuelvo a repetir!
La pequeña continuaba abstraída, ahora con la frente también pegada al cristal. Vencida y molesta, su madre no tiene más remedio que acercarse.
― ¡Nara!!! ―realmente malhumorada― ¡¿Es que no puedes hacerme caso cuando te hablo?!!!
La niña, por fin atiende. Vuelve su rostro sin comprender nada, expectante y pensativa, a la vez, como si estuviera buscando rápidamente un motivo para comprender a su madre y tener algo que decir. Como no lo encuentra utiliza su táctica preferida: escapar cambiando de tema.

Sin dejar de mirar a su madre, mueve su mano, cerrada en un puño y extiende su dedo índice hasta pegarlo al cristal, a la altura de su cara. En ese momento entra en acción su arma más letal: una gran sonrisa, de oreja a oreja. Una sonrisa que abarca toda su faz, que dibuja toda la ternura contenida en su pequeño ser; una sonrisa que inunda de emoción a toda aquella persona que se fije en ella. Y remata su acción con un tímido, imperceptible y alargado…
― Mamiiiiiiiiii…
Su madre, desarmada, cede al chantaje. Olvida sus prisas, sus nervios, sus agobios de hora punta, para trasladarse a ese mundo lleno de suavidad, ternura y calma de Nara, donde el tiempo no existe.
― Dime, cielo…
Nara vuelve su cara sin dejar de señalar con su dedo pegado al cristal.
― Mira…
La niña está materialmente pegada a una pecera de buen tamaño en la que, el propietario de la tienda de chuches y frutos secos, mantiene pequeños pececillos de colores, de esos que abundan en los mares tropicales.
― ¿Te gustan…?

― Sí… Son muy bonitos.
El dueño de los peces se acerca…
― ¿Quieres uno? ―interviene, mostrando una sonrisa condescendiente―

viernes, 6 de enero de 2017

EL RETRATO DE NARA. 24.- EL TIEMPO TE DIRÁ… (UNA OBRA MAESTRA)


"Si buscas una buena solución y no la encuentras,
consulta al tiempo,
pues el tiempo es la máxima sabiduría"

Tales de Mileto (624 aC - 546 aC)


Unknow author - Mother and child (Gallery oil painting)
Aún recuerdo la sorpresa con la que recibía ese comentario tan tuyo: “¡Una obra maestra!” Como recuerdo tu rostro lleno de admiración y bondad… Tus ojos brillaban, y una gran sonrisa llenaba de encanto tu expresión.

Recuerdo, mamá, cómo siempre te preguntaba, con cierto pudor, a qué te referías. Intuyo la sonrisa ingenua y bobalicona con la que debía esperar tu explicación, esa que nunca me diste. Y así era como siempre me quedaba: en total incertidumbre.

“El tiempo te dirá…” Esta era toda tu respuesta. Ahora sé que hacías bien en decirme solo eso, pues entonces no te hubiera entendido por mucho que hubieras intentado hacerme comprender. Y es que es cierto que no siempre tenemos ojos para ver, ni tenemos la suficiente experiencia como para entender… Hay cosas que la sola vivencia en la propia carne es capaz de dar luz y sentido a lo que, hasta entonces, permanecía oculto. ¡Ni las palabras pueden hacernos comprender aquello que está llamado a ser arcano hasta que nuestra razón y nuestras emociones hayan madurado lo suficiente!