Desde hace ya muchos años me niego a creer que soy lo que me pasa: me rebelo ante la sola idea de admitir que soy una marioneta del destino. No somos títeres. No... Somos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que descubrimos y lo que creamos. Somos los protagonistas de nuestra vida, los intrépidos capitanes de un barco llamado "yo", el único que podemos pilotar por estos mares revueltos de nuestro mundo. Pero es en otros mares —los de nuestro mundo interior— en los que podemos alcanzar la paz y la alegría... la gloria e, incluso, la eternidad... Esos mares donde podemos hacer de nuestra vida la suprema expresión de la belleza y del arte.


jueves, 14 de septiembre de 2017

EL RETRATO DE NARA. 31.- EL BESO


En memoria
de esa gran persona, poeta y cantautor,
que fue Víctor Jara,
fallecido violentamente un 14 de Septiembre, como hoy.


Free image: Max Pixel
Ya ve a su hija aparecer por las puertas del colegio. Viene charlando animadamente con tres compañeras de clase. Parece que tratan algún tema muy absorbente… Al fin se despiden y se acerca: se planta frente a su madre y despliega una enorme sonrisa. Algo tiene que contar, piensa su madre.

Nara se deja aupar, besar y hacer toda clase de arrumacos sin perder su forzada (por exagerada) sonrisa. Parece estar esperando que su madre le pregunte...

El año acaba de estrenar el otoño, que se muestra esplendoroso: soleado y especialmente transparente, como si no quisiera desprenderse del verano recién terminado. La vida estremece de bella…

Por fin deja a su niña en el suelo, la toma de la mano y comienzan a caminar. De reojo comprueba que su hija no deja de mirarla. ¡Con su enorme sonrisa, por supuesto!
― Te ves muy contenta, enana… ―con cierto retintín―

― ¡Sí!

― ¿Y qué ha ocurrido para que estés tan contenta?

― ¡No te lo vas a creer, mami! ¡Tengo novio!
Mientas su madre se gira para ver bien su semblante, ella vuelve su mirada al frente y agacha la cabeza… Algo no encaja. Espera antes de preguntar…
― Bueno… Sí… Eso creo…―dubitativa―

― Entonces, ¿estás enamorada? ―muy seria, sin dejar ver sus ganas de reír―
Nara gira nuevamente la cabeza hacia su madre para mostrarle otra vez su enorme sonrisa y su blanca dentadura…
― Siiiiiii… ―y lo acompaña con saltitos de alegría, sin soltar la mano de su madre―

― Nos hemos dado un beso… ―exultante― ¡Cómo en las pelis! ―presume de su proeza, no sin cierto rubor―

― Entonces, él también está enamorado…

― Sí… ―sin mostrarse convencida―
Su madre se detiene y la mira. Espera a que la niña le cuente todo.
― Bueno, creo…

― ¿No estás segura?

― No…

― ¿Por qué?

― ¡Es que me ha obligado a convencerle!

― ¿Qué le has dicho?

― Nada…

― Entonces, ¿cómo le has convencido?

― Le he dado una patada… ―enrojece, sin que se pueda saber si de rubor o de ira―

― ¡Pero eso no está bien, Nara! ―censurando su acción―

― Ha sido flojita, mamá…
Mira a su hija intentando observar alguna señal de lucha en su cuerpo, pero no ve nada.
― ¿Y no te ha dado él otra patada a ti?

― No… ―segura―

― ¡Qué buen compañero! ¡Mejor que tú, que te perdona…!

― Es que no podía…

― ¿Cómo que no podía…?

― Es que le tenían agarrado mis amigas…

― Ahora comprendo… Y fue entonces cuando también aprovechaste para darle un beso…

― ¡Sí, claro!

― ¿Y tú, de verdad, crees que quería ese beso?

― Si.

― ¿Qué te hace pensar eso?

― Cerró los ojos. Muy, muy fuerte. Eso es porque me quiere muy, muy, mucho ¿verdad? Y se volvió a mirarme cuando le soltaron y salió corriendo… ―hablando como si quisiera convencerse a sí misma― ¡Cómo en las películas que te gustan tanto!

― Ya… ¡Qué desastre! ―contrariada― ¡Sigamos, trasto, que a este paso hoy no comemos…! ¡Queda totalmente prohibido convencer a alguien pegándole! ¡Y mañana le pides perdón y le dices que no volverá a pasar! ¡¿Me has oído?!

― Vaaaaaaale, mami ―resignada, sabiendo que no podrá volver a besar a su “novio”―
Tira de la pequeña, que ahora camina con desgana, casi sin poder seguir su paso. Tras su rostro severo, apenas puede aguantar la risa. Se convence de que su hija tiene que aprender aún mucho sobre el amor… Y sobre el arte, tal vez olvidado, de la seducción…


Emilio M.

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
(original autentificado)


Victor Jara – Luchin
(por freakota)


jueves, 31 de agosto de 2017

EL RETRATO DE NARA. 30.- EL CREPÚSCULO EN LA NOCHE


Candice Bohannon - Catching dreams (crop)
Como cada noche, antes de acostarse, se acerca a su habitación. En la penumbra que nace en el pasillo y se difumina con suavidad por toda la habitación se adivina un bulto en la cama, debajo del edredón. Nara duerme cogida a su peluche preferido: una cría de oso con un corazón de terciopelo cosido en el pecho. A cada lado, como protegiéndola de los malos sueños, ha dejado a una conejita vestida con pantalones hechos de trozos de tela de diferentes colores y diseños. La pequeña nunca duerme sola.

Se acerca hasta sentarse con solemne lentitud en el borde del lecho. Le mira… Se le acelera el corazón… Se admira de esa belleza tan especial que la vida nos impregna en la niñez, y se pregunta por qué la echamos a perder con la madurez. Es la inocencia, se dice.

Acerca su mano para tocar esos mofletes rosados…
― ¡Esta niña…! ¿Qué soñara, que tantos calores desprende…?
Mientras la acaricia se suelta a tararear una nana en un susurro…

jueves, 20 de julio de 2017

EL RETRATO DE NARA. 29.- LA CARTA


"Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas"

Pablo Neruda (1904 - 1973)

― ¿Qué hay aquí…?
Nara corretea por el prado en este brillante día de primavera mientras su madre aprovecha para sentarse entre la hierba y disfrutar de la vista y de la lectura.

Imagen: MaxPixel.freegreatpicture.com
Levanta la mirada para comprobar que Nara está bien. Mira de reojo y complacida su chaqueta. ¡Hacía tantos años que no vestía su chaqueta preferida…! Siempre se había negado a desprenderse de tan querida prenda, que identificaba con su propia piel. ¡Tantos y tan buenos recuerdos…! La acaricia… y lo hace como una forma de reclamar tan valioso bien… para deleitarse en su evocación… para reivindicar su misma vida…

Al palpar uno de los bolsillos, por el exterior, se ha visto sorprendida: exclama al notar en sus dedos un inesperado y pequeño resalte, casi imperceptible. Mete la mano dentro y toca lo que parece ser una hoja de papel concienzudamente doblada. Se sorprende del hallazgo y, afanosa, se entrega a complacer su curiosidad…
― Veamos…
Ya lo tiene a la vista pero no logra recordar. Llama su atención el amarillento aspecto que tiene. Debe de hacer mucho tiempo… Eso hace que su expectación vaya en aumento. Deshace el primer pliegue y una extraña sensación recorre su cuerpo entero. Su respiración se acelera…

Con temor deshace el último pliegue… Una pluma anaranjada resbala y cae suavemente sobre sus piernas. Ahora recuerda…
― ¡Oh, Dios mío! ¡Tanto tiempo…!
Cruje el papel, reseco después de tantos años. Cruje su corazón lleno de dolor… Por fin está totalmente desplegado. En letras de imprenta el poema de Keats, que tanto le conmovió aquel día. En el margen izquierdo, manuscrito, un mensaje que lee:

martes, 4 de abril de 2017

EL RETRATO DE NARA. 28.- RETRATO DE ATARDECER…


Frente a frente, Nara y su madre ríen… La niña está sentada sobre las piernas de su madre, dejando las de ella entre las suyas. La tarde se difumina…

Foto: Mayra García
Aburrida como estaba, Nara no había tenido otra idea que acercarse hasta su madre que, en ese momento, leía aprovechando un rato de tranquilidad. Viendo que no le presta atención decide pasar a la acción: tras subirse a sus piernas comienza a hablarla. Pero nada… Su madre está abstraída deleitándose en la lectura de su libro.

Sin saber que hacer resuelve coger los labios de su madre con las dos manos, apretándolos fuertemente, como si quisiera imposibilitar que se abrieran. La mueca creada le parece tan divertida que comienza a reírse. Es como jugar con arcilla…

Ahora, su madre, sin poder hablar, no tiene más opción que recurrir a una técnica totalmente efectiva: hacerle cosquillas en el costado. La pequeña suelta inmediatamente a su madre y lleva sus brazos hasta el cuerpo para protegerse…
― ¡Naraaaaa!!! ¡Me estabas haciendo daño!!! Te tengo que cortar esas uñas, que se hincan en la piel como alfileres…

― ¡No!

― No... ¿qué?

― ¡Nooooo!!!
Nara vuelve a la carga. Esta vez no se le ocurre otra cosa que echarse sobre su madre, cogerle la nariz y cerrar sus orificios para que no pueda respirar. Vuelve a reír, esta vez a carcajadas.

miércoles, 8 de marzo de 2017

EL RETRATO DE NARA. 27.- UN MUNDO DE ABRAZOS…


En este Día Internacional de la Mujer,
por un mundo más justo con ellas
y por un mundo mejor para todos
basado en su ejemplo…

― ¡Ayyyyyy, mami!!! ¡Qué me haces daño!!!
Nara intenta zafarse de los achuchones de su madre, que la estruja y la besa con intenso nerviosismo.
― ¡Jopetas, mami!!!
(Tomado del vídeo: Ryan Farish - United)
Tumbada sobre las piernas de su madre e inmovilizada con sus brazos, recibe estrujones y besos sin cesar en un “ataque de cariño” de su madre. Intenta zafarse de ella golpeando ese enorme cuerpo que se le ha echado encima, pero es inútil: apenas le queda sitio para mover las manos.
― Es que te quiero mucho, tesoro. ¡Te quiero tanto que me dan ganas de comerte!
Y vuelve a la carga, para disgusto de la pequeña, ahora dando pequeños mordiscos que le irritan aún más..
― ¡Noooooooooooooooooo!!!

― ¿Qué prefieres, mordisquitos o cosquillas? ―una gran y pícara sonrisa se abre paso en la cara de su madre al saber que tiene acorralada a su hija―

― ¡No, cosquillas no! ¡Por favor, mami!

― Bueeeeeeenooooooo… ¡No te hago nada! ―riendo con indisimulado descaro―
Incorpora a la niña y la sienta sobre sus piernas. Hace un precioso día de primavera en el parque y la vida bulle a su alrededor con inusitada vitalidad y alegría.

La pequeña mira a su madre mostrando su enojo…
― ¡Si es que te quiero demasiado, mi vida! ¡Compréndelo…! Me dan unas ganas tremendas de cogerte entre mis brazos y abrazarte con todas mis fuerzas, como si quisiera hacerte un hueco en mi pecho, para tenerte pegada a mi corazón… ¿Comprendes a mamá?
Nara mira con sus morritos de enfado, aún disgustada pero comprensiva.
― ¿Te cuento una historia muy, muy, muy bonita, ahora que estamos en el parque, cielito?

― ¿Muy bonita…?

― No. ¡Muy, muy, muy bonita!
Nara por fin sonríe.
― ¿Ves estos árboles…? ¿Y aquellos esos otros de ahí? ¿Ves que están separados y como que cada árbol no sabe nada del que tiene al lado?
Nara mueve su carita afirmativamente…
― Pues no es así. He leído que se abrazan, y que se ayudan, y que se quieren… Y tú te preguntarás que cómo es posible que se abracen si sus ramas están separadas y no se mueven, ¿cierto?