Desde hace ya muchos años me niego a creer que soy lo que me pasa: me rebelo ante la sola idea de admitir que soy una marioneta del destino. No somos títeres. No... Somos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que descubrimos y lo que creamos. Somos los protagonistas de nuestra vida, los intrépidos capitanes de un barco llamado "yo", el único que podemos pilotar por estos mares revueltos de nuestro mundo. Pero es en otros mares —los de nuestro mundo interior— en los que podemos alcanzar la paz y la alegría... la gloria e, incluso, la eternidad... Esos mares donde podemos hacer de nuestra vida la suprema expresión de la belleza y del arte.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

EL RETRATO DE NARA. 33.- LLUVIA DE OTOÑO…


“Dado que el momento presente es infinitamente pequeño,
antes de que podamos medirlo ha desaparecido.
Sin embargo, persiste para siempre”

Alan W. Watts (1915 – 1973)


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Mira triste, Nara… Con la nariz aplastada contra el cristal de la ventana, la pequeña se entristece pensando en lo que podría estar corriendo, saltando y jugando allí fuera.
― ¡No es justo, mamá!

― ¿Qué no es justo? ―soliviantada por la respuesta que ya espera de su hija―

― ¡No es justo!!! ―insiste con mayor rotundidad aún―

― ¡Se puede saber que no es justo!!!
La tarde parece correr con demasiada celeridad hacia su final. Hay en Nara una desazón por dejar pasar el poco tiempo de claridad que aún queda sin salir al parque. ¡Encuentra tan bello todo, en este otoño mágico, como de cuento…!
― Ya he hecho todos los deberes del colegio…

― ¿Y…?

― ¡Pues eso…! ―haciendo aspavientos con las manos, como queriendo dar a entender lo evidente de sus comentarios―

― ¡¿Y qué, Nara…?!!! ¡O me dices ya lo que quieres o dejo de escucharte! ¡Caramba con la niña!!!
Nara vuelve a pegar frente y nariz contra la ventana, y mira hacia fuera como el reo que busca su libertad desde los barrotes de su celda en la cárcel…
― Aún es de día… ¡Podemos ir al parque!!! ―vuelve el rostro para sonreír a su madre…―

― ¡¿Pero cómo vamos a ir al parque si está lloviendo?!!! Solo de andar te pondrías calados de agua los zapatos y los calcetines.
Sale Nara disparada hacia su habitación, cómo si un vendaval la arrastrara. Su madre queda intrigada: ¡qué bicho la habrá picado en el trasero! Le preocupa que se haya ido desconsolada.

Pasados unos momentos regresa, también corriendo, para plantarse justo enfrente de su madre con la más grande y encantadora de sus sonrisas. Trae su gabardina y un gorro para el agua puestos.
― ¡Ya está, mami! ¡Solucionado! Podemos irnos…
Su madre le mira toda entera, de arriba abajo. Al llegar a los pies no puede evitar soltar una sonora risotada. La pequeña no ha tenido otra idea más que descalzarse hasta dejar sus pies desnudos.
― ¡Ya no mojaré ni los zapatos ni los calcetines! ―sin dejar de mostrar su enorme sonrisa― ¿Nos vamos, mamita?

― ¡Anda, trasto! Ponte los calcetines y las botas de invierno que nos vamos al parque un rato. ¡Pero no mucho, qué luego te resfrías!
Nara se aleja apresurada, cantando y feliz, hacia su habitación…
― Y cómo se te vuelva a ocurrir pisar todos los charcos que encuentres, nos volvemos sin pasar al parque. ¿Me escuchas? ―levantando la voz―
La pequeña ya no escucha. Ahora siente el aire fresco en su cara y el olor húmedo del otoño… Ya ve los cientos de charcos que tan irresistible tentación le producen. Y ve los árboles amarilleando a su alrededor… Y unos pocos gorriones entre las hojas, bien redonditos, convertidos en una acogedora bola de plumas bajo la lluvia.

Y ella corriendo sin cesar, con los brazos abiertos, como queriendo abrazar la vida en todo su esplendor…

Emilio M.

© TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
(original autentificado)


Simeon Walker – Valentine
(por Sonorospace)


lunes, 16 de octubre de 2017

EL RETRATO DE NARA. 32.- DE SILENCIOS, SUSURROS Y RECUERDOS


Al infinito mar de tu pecho…
Al marino sin sombra que lo surca…


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Hace ya tiempo que su hija quedó dormida con la cabeza y medio cuerpo apoyado sobre su regazo, después de cenar. Ya debería estar en su cama, con sus muñecos y sus sueños de hadas. Sobre sus piernas también apoya un libro. En el silencio de la noche reviven emociones al compás de la palabra escrita.

La ausencia se convirtió en su inseparable compañera ya hace tiempo, pero hoy encuentra continuas referencias que se alían con sus recuerdos y la estremecen hasta cortarle la respiración. ¡Tan temprano se fue!

Suspira mientras recorre con su dedo índice unos versos de Mario Benedetti que le han sobrecogido. Vuelve a leer y susurra casi imperceptiblemente…
― ¡Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo…! (Mario Benedetti)
El amado es una sombra que vaga por el recuerdo… Nunca sabe cuándo llegará; nunca cuándo se irá; nunca cuando la ausencia dejará de ser una herida abierta y una puerta que desemboca en el vacío…

jueves, 14 de septiembre de 2017

EL RETRATO DE NARA. 31.- EL BESO


En memoria
de esa gran persona, poeta y cantautor,
que fue Víctor Jara,
fallecido violentamente un 14 de Septiembre, como hoy.


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Ya ve a su hija aparecer por las puertas del colegio. Viene charlando animadamente con tres compañeras de clase. Parece que tratan algún tema muy absorbente… Al fin se despiden y se acerca: se planta frente a su madre y despliega una enorme sonrisa. Algo tiene que contar, piensa su madre.

Nara se deja aupar, besar y hacer toda clase de arrumacos sin perder su forzada (por exagerada) sonrisa. Parece estar esperando que su madre le pregunte...

El año acaba de estrenar el otoño, que se muestra esplendoroso: soleado y especialmente transparente, como si no quisiera desprenderse del verano recién terminado. La vida estremece de bella…

Por fin deja a su niña en el suelo, la toma de la mano y comienzan a caminar. De reojo comprueba que su hija no deja de mirarla. ¡Con su enorme sonrisa, por supuesto!
― Te ves muy contenta, enana… ―con cierto retintín―

― ¡Sí!

― ¿Y qué ha ocurrido para que estés tan contenta?

― ¡No te lo vas a creer, mami! ¡Tengo novio!
Mientas su madre se gira para ver bien su semblante, ella vuelve su mirada al frente y agacha la cabeza… Algo no encaja. Espera antes de preguntar…
― Bueno… Sí… Eso creo…―dubitativa―

― Entonces, ¿estás enamorada? ―muy seria, sin dejar ver sus ganas de reír―
Nara gira nuevamente la cabeza hacia su madre para mostrarle otra vez su enorme sonrisa y su blanca dentadura…
― Siiiiiii… ―y lo acompaña con saltitos de alegría, sin soltar la mano de su madre―

― Nos hemos dado un beso… ―exultante― ¡Cómo en las pelis! ―presume de su proeza, no sin cierto rubor―

― Entonces, él también está enamorado…

― Sí… ―sin mostrarse convencida―
Su madre se detiene y la mira. Espera a que la niña le cuente todo.
― Bueno, creo…

jueves, 31 de agosto de 2017

EL RETRATO DE NARA. 30.- EL CREPÚSCULO EN LA NOCHE


Candice Bohannon - Catching dreams (crop)
Como cada noche, antes de acostarse, se acerca a su habitación. En la penumbra que nace en el pasillo y se difumina con suavidad por toda la habitación se adivina un bulto en la cama, debajo del edredón. Nara duerme cogida a su peluche preferido: una cría de oso con un corazón de terciopelo cosido en el pecho. A cada lado, como protegiéndola de los malos sueños, ha dejado a una conejita vestida con pantalones hechos de trozos de tela de diferentes colores y diseños. La pequeña nunca duerme sola.

Se acerca hasta sentarse con solemne lentitud en el borde del lecho. Le mira… Se le acelera el corazón… Se admira de esa belleza tan especial que la vida nos impregna en la niñez, y se pregunta por qué la echamos a perder con la madurez. Es la inocencia, se dice.

Acerca su mano para tocar esos mofletes rosados…
― ¡Esta niña…! ¿Qué soñara, que tantos calores desprende…?
Mientras la acaricia se suelta a tararear una nana en un susurro…

jueves, 20 de julio de 2017

EL RETRATO DE NARA. 29.- LA CARTA


"Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas"

Pablo Neruda (1904 - 1973)

― ¿Qué hay aquí…?
Nara corretea por el prado en este brillante día de primavera mientras su madre aprovecha para sentarse entre la hierba y disfrutar de la vista y de la lectura.

Imagen: MaxPixel.freegreatpicture.com
Levanta la mirada para comprobar que Nara está bien. Mira de reojo y complacida su chaqueta. ¡Hacía tantos años que no vestía su chaqueta preferida…! Siempre se había negado a desprenderse de tan querida prenda, que identificaba con su propia piel. ¡Tantos y tan buenos recuerdos…! La acaricia… y lo hace como una forma de reclamar tan valioso bien… para deleitarse en su evocación… para reivindicar su misma vida…

Al palpar uno de los bolsillos, por el exterior, se ha visto sorprendida: exclama al notar en sus dedos un inesperado y pequeño resalte, casi imperceptible. Mete la mano dentro y toca lo que parece ser una hoja de papel concienzudamente doblada. Se sorprende del hallazgo y, afanosa, se entrega a complacer su curiosidad…
― Veamos…
Ya lo tiene a la vista pero no logra recordar. Llama su atención el amarillento aspecto que tiene. Debe de hacer mucho tiempo… Eso hace que su expectación vaya en aumento. Deshace el primer pliegue y una extraña sensación recorre su cuerpo entero. Su respiración se acelera…

Con temor deshace el último pliegue… Una pluma anaranjada resbala y cae suavemente sobre sus piernas. Ahora recuerda…
― ¡Oh, Dios mío! ¡Tanto tiempo…!
Cruje el papel, reseco después de tantos años. Cruje su corazón lleno de dolor… Por fin está totalmente desplegado. En letras de imprenta el poema de Keats, que tanto le conmovió aquel día. En el margen izquierdo, manuscrito, un mensaje que lee: